Hay dinero para todo, menos para que los trabajadores obtengan salarios que cubran sus necesidades básicas
Hay dinero para todo, menos para que los trabajadores obtengan salarios que cubran sus necesidades básicas
Sin embargo llama la atención el hecho de que el salario mínimo en Venezuela (salario de la mayoría de los trabajadores venezolanos), no alcanza para satisfacer ni siquiera los requerimientos de la canasta alimentaria, la cual, de acuerdo a información suministrada por el Banco Central de Venezuela, aumentó en un 19,5%, durante el primer semestre de este año.
La situación salarial en el país sigue siendo algo infame, la remuneración por el trabajo ha llegado a niveles precarios. Mientras el país percibe grandes recursos por la bonanza petrolera, estos se dilapidan casi en el mismo orden, sin que haya esto repercutido en un aumento significativo del poder adquisitivo del venezolano. Por el contrario, el menguado aumento del pasado 1 de mayo, ya se ve diluido ante la ola inflacionaria producida en buena parte por la acción de especuladores que actúan a sus anchas ante una reacción tímida o nula por parte del Estado.
Si además consideramos la situación de inestabilidad laboral que viven buena parte de los empleados públicos por la persistencia y reforzamiento de los neoliberales métodos de contratación existentes, en los cuales los derechos laborales son violados de forma sistemática, junto a falsas cooperativas y otras modalidades de explotación, llegamos a la conclusión de que paradójicamente, en una situación de bonanza económica, la población cada vez más es empujada hacia peores niveles de miseria.
Mientras esto ocurre, el pasado domingo 27 de julio, vimos a un furibundo presidente al borde de un ataque de histeria humillando a un joven ingeniero que trabaja en las obras del Metrocable, con los gestos más desobligantes y luego de humillar también a los trabajadores de Venezolana de Televisión, VTV, por el simple hecho de ejercer su derecho al cobro de horas extra (por no trabajar de gratis un domingo), anunciando desde ya que les arrebatará por la fuerza ese derecho consagrado en su contratación colectiva, instó a los trabajadores venezolanos a hacer “trabajos voluntarios”, otra burla más del ejecutivo a los trabajadores, que avanza hacia la pretensión de esclavizar a los trabajadores, arrebatándoles su tiempo libre porque el carácter “voluntario” de estos es muy dudoso y quien trabaje en el sector público nos dará la razón.
Volviendo al tema del ministro Hernández, parece que este funcionario ignora que en la Venezuela CAPITALISTA de hoy, el derecho a la vivienda, por dar un ejemplo, no lo ha garantizado este gobierno, por el contrario, uno de sus grandes vacíos ha sido la inexistencia de una política coherente entorno a la vivienda de utilidad social, dejando este sector en manos de los privados que hoy especulan con precios escandalosos el precio de cualquier inmueble, que con los salarios miserables que ganamos la mayoría de los trabajadores, éste “derecho” no pasa de ser, cuanto más un cruel sarcasmo.
También hay que destacar el tema de los “privilegiados”, ¿Quiénes son los privilegiados en una estructura jerárquica? los trabajadores o sus jefes, ¿Quiénes son los que se hacen con chóferes, gastos de representación, pasajes, lujosos hoteles y restaurantes, aparte de abultados sueldos que pueden pasar por varias decenas de millones?, la respuesta es fácil, ministros, diputados, magistrados, gerentes de empresas del Estado. El trabajador es a quien le piden continuos sacrificios, a quién lo obligan a conformarse con la precariedad y a quien someten al escarnio público y amenazan cuando se atreve a reclamar sus derechos. Tal como lo describió George Orwell en “Rebelión en la Granja”, aquí todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros.
Pedro M. Goldstein.