La Guerra necesaria es contra La Burguesía y El Imperio no contra los Hermanos Explotados y Oprimidos de Colombia
El gobierno de Uribe, expresión política del paramilitarismo y el narcotráfico ligada a la estructura del Estado, realizó la invasión del territorio de Ecuador de un campamento de la FARC para asesinarlos mientras dormían con el apoyo político, financiero y militar del gobierno de Bush y su plan Colombia.
Esta se dio a raíz de la nueva intervención humanitaria de liberar un nuevo grupo de rehenes por parte de Chávez. La factura es cobrada por el imperio, atacando a mansalva un campamento que sabían contaba con la presencia física del número dos de las FARC y figura clave de las negociaciones, Raúl Reyes, usando la mejor tecnología de guerra de punta con misiles, satélites, infrarrojos y demás parafernalia militar para arrasarlo, recuperar sólo su cadáver en una operación comando como botín de guerra, y declarar propagandísticamente la victoria del ejército colombiano en combate con la guerrilla. Estos ataques quirúrgicos fueron realizados bajo la supervisión de la CIA y el MOSSAD.
Estos mafiosos siguen cargando su cuota de sindicalistas y campesinos asesinados, comunidades expulsadas de sus tierras y desplazados. Uribe se justifica mintiendo sobre los hechos y adiciona una matriz de calumnias absurdas. El imperio demuestra una vez más que no hay política pacífica alguna cuando está en juego su preponderancia en la lucha de clases. Actúa como una réplica de los métodos sionistas cuando asesinan a mansalva en Palestina en contra del “terror”, al igual que el ejército de USA en guerra preventiva cuando cometen genocidio en Irak, Afganistán y los Balcanes.
Los resultados que favorecen la distensión del conflicto armado en Colombia no son de su provecho. El resultado de las liberaciones de rehenes ha tratado de voltearlas a su favor como cuando promovió las marchas de rechazo a las FARC en todo el mundo y en especial con la presencia de los propios liberados, dándole una bofetada a Chávez cuando prefirieron aliarse con el imperio en su macabra intensión de exterminio a las FARC. El objetivo es seguir llevando adelante el ‘plan Colombia’ y la completa militarización de este país.
Ante estos sucesos, Chávez cerró la embajada de Venezuela en Bogotá y movilizó tropas regulares a la extensa frontera con Colombia, y hasta ofreció el uso de los nuevos aviones Sukhoy contra Uribe si este osara autorizar una penetración similar a nuestras fronteras. En las voces a favor de estas acciones se contrastan llamados chauvinistas y xenófobos unos, y de moderación y alerta otros. Por el lado de la derecha unos apoyan las intensiones imperialistas en Colombia que aúpan la invasión y exterminio de las FARC; otros llaman a la no-injerencia de nuestro país en el conflicto entre Colombia y Ecuador, esto es que Venezuela, donde se han demostrado inclusive campamentos de paramilitares, se quede de brazos cruzados en el concierto de naciones de Latinoamérica. Los socialistas revolucionarios tenemos que ubicarnos a favor de los explotados y oprimidos de Venezuela, Colombia y Latinoamérica.
Mas que la movilización de tropas a la frontera con Colombia y el reclamo fuerte de Chávez en contra de las agresiones del imperio y sus títeres del mafioso gobierno colombiano, la alerta general se debe dirigir al pueblo, a sus explotados y oprimidos movilizándolos frente a cualquier intensión de invasión por parte del gobierno colombiano por mampuesto del imperio, y llamando públicamente al pueblo colombiano a impedir cualquier intento de su gobierno de involucrarlos en una guerra promovida por el imperialismo norteamericano. Absolutamente no compartimos las posiciones destempladas chauvinistas y xenófobas que desde el gobierno de Chávez o el chavismo se pretende asociar hacia una posible guerra con ese país. Las posiciones de nuestro país deben estar dadas en función de defender el proceso revolucionario venezolano, que es en última instancia lo que pretende atacar el imperialismo, y no de enfrentamiento entre los explotados y oprimidos de ambos países.
Debemos denunciar a los asesinos Uribe y Bush
Plantear una movilización común contra la guerra, el armamento de los trabajadores de Venezuela y de Colombia para colocarnos en el terreno del internacionalismo y la independencia de los regímenes burgueses. Hacer un llamado a la confraternización de las masas y soldados de Colombia y Venezuela contra Uribe y Bush para impedir una guerra. Plantearnos el desmantelamiento del estado narcoparamilitar de Colombia, pero también el gobierno de los trabajadores en Venezuela.
Para enfrentar cualquier agresión o saboteo, hay que llamar a la movilización del pueblo venezolano a su armamento y organización en milicias populares asumiendo el control de todo medio de producción, medio de comunicación masiva, industrias, bancos, empresas agrícolas, institutos universitarios, que apoyen, promuevan, financien, organicen o ejecuten cualquier intento de desestabilización en el país como complemento del plan de agresión imperial y de sus lacayos internos bajo un gobierno de sus trabajadores.
Las FARC se encuentran, en una lucha de desgaste que las lleva a pedir negociaciones con su gobierno, es decir con el poder del narcotráfico y las mafias colombianas que son utilizadas por Bush. El problema del reparto de la tierra no lo vemos como bandera de lucha, ni la consigna de un gobierno de los trabajadores del campo y de la ciudad. El hecho que controlen algo menos de la mitad de Colombia los coloca en una posición de clara beligerancia que el imperialismo y la oligarquía colombiana continuarán tratando de desconocer. No basta sólo con ser defensores de los trabajadores del campo colombiano que continuamente son desplazados por los paramilitares amparados por los incontables latifundistas, o por el narconegocio que es protegido hasta por las propias fuerzas de elite norteamericanas del Plan Colombia.
Como consecuencia de la violación de su territorio, Ecuador exigió disculpas y el cierre del intercambio diplomático, con esto se busca otra alternativa que permita continuar el normal funcionamiento del status quo a ambos lado de la frontera, con explotación y miseria social. Para nuestro país, el problema fundamental del régimen bolivariano es el total entrabamiento del proceso político y nacional. La carestía, el desabastecimiento, incluso la inseguridad y no hablemos de la corrupción, son la expresión de las limitaciones de un proceso nacionalista que se mantiene en el marco del estado burgués que se esfuerza por sobre todo en someter políticamente a la clase obrera y reforzar su explotación por el capital, como hoy acontece en la Siderúrgica del Orinoco (SIDOR). Para avanzar en el proceso revolucionario venezolano los trabajadores y las comunidades de todos los medios deben asumir su control, incluyendo el cese inmediato de todas esas “cloacas” informativas que Chávez permite (es inaceptable continuar aceptando la presencia de propaganda del imperio y sus lacayos dentro del país y revertir la situación, la cual solo es posible con nuestro control no con la del gobierno)
Por los explotados y oprimidos de Latinoamérica
En particular del Mercosur, la atención debe ser centrada en que es USA e Israel (por intermedio de sus organismos de inteligencia, la CIA y el MOSSAD), los que dirigen la guerra fratricida hacia sus similares en Colombia. El enfrentamiento es con la burguesía cipaya de los yanquis. El internacionalismo proletario, hoy más que nunca, debe ser la referencia obligada de las vanguardias de nuestra América y el mundo. La denuncia y movilización en contra de estos países y en especial del tratado de libre comercio entre Mercosur e Israel, debe ser continuamente propalado entre los proletarios para exigir su inmediata cancelación así como el retiro de las fuerzas militares imperiales y de mercenarios del territorio colombiano.
Cualquier conflicto con el imperialismo es de interés supremo de los trabajadores y de las masas en pie de lucha en pos de la concreción e implantación del socialismo, no de las castas militares que defienden la estructura capitalista del estado. El inmediato llamado es a los explotados y sectores desplazados de Colombia a enfrentarse a su burguesía explotadora y dependiente de los intereses del imperio, dejando claro que es este último el que los lleva a perecer en una guerra que sólo favorecen las condiciones de explotación imperantes.
Toda la historia de los países de desarrollo capitalista subordinados al imperio que intentan independizarse, dentro del marco de un régimen burgués, obligadamente va al fracaso. Aquí no es diferente, el Estado venezolano no puede hacer frente a sus problemas estructurales si no es por medio de una vigorosa planificación, lo cual supone la gestión política y económica de la clase obrera y de los campesinos. No se trata de que el Estado acumule capital, como se lo aconsejan los marxistas enchufados en un ministerio o alcaldía, con nacionalizaciones y expropiaciones. En Venezuela, esta harto demostrado que la gestión estadal pro burguesa de PDVSA o el plan nacional de electrificación o la industria del aluminio o del hierro son un desastre. Se trata de qué clase dirige el país y de los métodos de los que ella se vale. Las fuerzas armadas no pueden cumplir esta función, ni menos aún las camarillas militares o palaciegas. La cuestión fundamental que tiene planteada Venezuela y sus masas explotadas es la estructuración política del proletariado como clase independiente para conquistar un Gobierno de los Trabajadores y las Comunidades.
Por la realización del canje humanitario
Por negociaciones de paz
Por el fin del plan Colombia y el desmantelamiento del aparato estatal paramilitar de Colombia.
Por la expulsión de la CIA y del Mossad de todo el continente.
Por la unión socialista de América Latina.